sábado, 8 de enero de 2011

El caso Ana Cacho y el feminismo, ¿o una patente de corso para Ana…?

Ana Cacho rodeada por la prensa


¿Será el caso de Ana Cacho una bandera que debe levatar el movimiento feminista para adelantar sus causas…?

Se trata de la madre de un niño que fue llevado a un Centro de Diagnóstico y Tratamiento en Dorado, alegando que su hijo se había caído de la cama. Al final, resultó que las heridas eran tales que jamás nadie debió creer esa versión del niño Lorenzo González, quien resultó muerto POR ASESINATO…

La prensa divulgó desde un principio la versión de la madre sin cuestionar los eventos, hasta que se empezaron a divulgar informes que contradijeron la versión original, entre estas, la de una mujer técnica:

“La técnica dijo que González Cacho sangraba profusamente, y su hermana de cinco años, también estaba bañada en sangre.”

Las contradicciones de la familia de Ana Cacho ante los medios de comunicación, y su decisión de brindarles entrevistas de encargo a medios como Radio NotiUno 630, levantó una nube de especulaciones alrededor del asesinato del niño Lorenzo González, quien estaba bajo la custodia de su madre Ana Cacho la noche del asesinato, sin que esta haya aclarado las circunstancias de la escena del crimen creando todo un misterio alrededor del esclarecimiento del caso.

Estas circunstancias, así nada más, crearon una expectativa frente al público que leía la prensa que por un lado escuchó la versión del “accidente” de la madre mientras por otro escuchaba las filtraciones de una investigación policial que mostraba desde un principio su falta de profesionalismo, muy a favor de los posibles asesinos.

La familia de Ana Cacho decidió contratar asesores en relaciones públicas como parte de su estrategia mediática para enfrentar las contradicciones de Ana Cacho ante el público que cuestionaba el porqué el caso de asesinato no se esclarecía con prontitud, mientras que por otro lado se publicaban las relaciones de esta familia con influyentes políticos, como en el caso del ex-gobernador Rafael Hernández Colón, quien funge como abogado del también letrado Ramón Cacho Pérez, tío de Ana Cacho, y del padre del letrado, Ramón Cacho Tossas, quien es tío de Ana Cacho en un caso de fraude.

Más sospechosa fue la contratación por parte de la familia de Ana Cacho del licenciado Antonio Sagardía, quien fuera Secretario de Justicia en el momento del asesinato y había renunciado a su puesto entre escándalos que lo señalaban favoreciendo a pasados clientes.

Es decir, por la relación de la familia de Ana Cacho con personas de alta influencia en el terreno del poder político, se levantaba una sospecha del porqué se atrasaba tanto la investigación del asesinato de su hijo Lorenzo González.

Hasta aquí algunos “muñequitos” del caso del asesinato y su escenario, que propenden a una gran expectativa mediática por el esclarecimiento. Lo que me vuelve a retomar la pregunta: ¿Será el caso de Ana Cacho una bandera que debe levatar el movimiento feminista para adelantar sus causas…?


El “feminismo” como la causa última de Ana Cacho…

Parecería increíble que frente a las circunstancias que he planteado, alguien utilice la bandera del DISCRIMEN DE GÉNERO para defender una sospechosa de asesinato de su propio hijo. Este sector de mujeres que se hacen llamar “feministas” alega que con Ana Cacho la prensa ha sido mordaz, que al tratar a una “mujer” como Ana Cacho en los medios de comunicación, le han tirado toda la crítica de los “estereotipos” que se le asignan socialmente a una “madre” y que al no encajar con ellos, la culpan por no asumir ese rol social al que la obligan sociológicamente.

Leía este argumento y me acordaba de Albert Camus y su novela “L’Étranger”, o “El extranjero”, que trataba de cómo se procesaba la evidencia contra el acusado de un crimen, el señor Meursault, por su comportamiento, incluyendo como parte de esa “evidencia” su ánimo frente al funeral de su madre, que no tenía nada que ver con el crimen que le imputaban, ya que este no la había llorado.

Es decir, Ana Cacho, para estas “feministas”, era objeto de discrimen por parte de los medios de comunicación porque no encajaba con los estereotipos de la “mujer-madre” y esa imagen la colocaba en el rol de “víctima”, más que de sospechosa…


La periodista Carmen Enid Acevedo publicó en su Blog “Pesquisa Boricua” una reflexión acerca de un estudio de las diferencias de género a la hora de pautar noticias en la prensa: “¡Machistas! Medios boricuas al representar a las mujeres”. Dicho estudio se realizó en el año 2005, pero se trae al debate el caso de Ana Cacho para respaldarlo, violando con esto cualquier asunto científico de asociación por el género mas no por el caso específico que se haya traído al estudio riguroso.

Cita Carmen Enid a la “feminista hace 30 años”, Mercedes Ortiz:


A la pregunta de cómo categoriza la cobertura de los medios del caso de Lorenzo, la trabajadora social y feminista hace 30 años, Mercedes Ortiz, planteó “¿Es posible que las personas que ocupan puestos de poder en los medios de comunicación del país, piensen fuera de orden simbólico patriarcal en el que todas y todos hemos sido socializados? Al ser esto imposible, al no existir la neutralidad universal, cuando el androcentrismo (visión de mundo que sitúa al hombre como el centro de todas la cosas) cobra preeminencia y por qué no, la misoginia de quienes deciden qué se cubre y cómo se cubre, entiendo que la cobertura del caso ha sido una machista”.

Añadió que a la “señora Cacho se le ha juzgado en los medios, se le ha estigmatizado y castigado por no responder a los estereotipos sociales de “buena madre”, “buena esposa”, “buena hija”, “sacrificada en bien de los demás”, entre otras expectativas que se tiene de la mujer”.

“Mi formación profesional y mi compromiso con las\los niños del país, hacen que este caso me provoque mucha tristeza, coraje e incertidumbre, pero no por eso puedo negar que la cobertura ha sido una marcada por las preferencias a la figura del padre, victimizándolo y convirtiéndola a ella, a su abogada y a su madre, en las victimarias”, sentenció la Ortiz, quien labora de cerca con organizaciones de mujeres en la Isla.


De nuevo planteo la pregunta del principio: ¿Será el caso de Ana Cacho una bandera que debe levatar el movimiento feminista para adelantar sus causas…?

La compañera Bloguera Veronica RT no se queda atrás al momento de levantar esta “bandera feminista” alrededor de Ana Cacho en su reflexión “Ana Cacho y una ventana abierta”:

De camino también (¿cómo no?), una joven, mujer, madre y adinerada (¡que muchas cosas eres, Ana!) se ha enfrentado, de cantazo, a la torcida y controvertible vara que esta sociedad utiliza a la hora de juzgar a sus ciudadanas. Ana Cacho, se ha convertido en escoria pública, la peor de las mujeres, en la anti- madre. "Mírala, tenía dos hombres metidos en la casa cuando estaban sus hijos ahí, mírala se pasaba janguendo (en lanchas, claro), mírala ahí con un trago, mírala ahí con una cerveza, mírala ahí.... mala madre es, seguro que mató a su hijo". Tal rídiculo ejercicio de lógica no es sorprendente en un país tan acostumbrado a mirar hacia arriba sin mirar hacia dentro, tan acostumbrado también a llegar a conclusiones de la manera más facilona que existe: a través de estereotipos trillados y gastados.

En otra reflexión, “El femicidio en Puerto Rico”, Veronica RT recurre a presentar a Ana Cacho como la figura del año 2010.

Pero, esto no queda aquí… La victimización de Ana Cacho incluye que fue maltrarada por el padre del hijo que asesinaron. No estoy avalando el maltrato CONTRA NADIE, sino que a la hora de la verdad, algunos tratan de justificar la cadena de maltrato porque en el “origen” de esa cadena, el primer eslabón es un macho abusador. Es decir, que se llega al punto de “entender” el maltrato a un niño, y hasta el asesinato, porque la mujer “agredida” agrede. En este caso, la mujer agrede a una persona que no la ha agredido.

OTRA VEZ… planteo la pregunta del principio: ¿Será el caso de Ana Cacho una bandera que debe levatar el movimiento feminista para adelantar sus causas…?

En mi contexto laboral me he encontrado con muchas mujeres “víctimas” del maltrato de sus maridos y he descubierto “casualmente” esta condición por la dinámica que algunas muestran a la hora de trabajar junto a estas. Recuerdo el caso de una compañera de trabajo que desde que la visité en su área de trabajo, y en reuniones, me mostraba un rostro severo, con el ceño fruncido. Siempre tenía una ocasión para dirigirse a mí de forma despectiva y despreciable, y no entendía el porqué si yo no la trataba mal.

Descubrí con el tiempo que la compañera de labores llegaba al trabajo con señas del matrato de su marido y así entendí que para ella era más fácil buscar otro “objeto” contra el cual descargar su coraje. Lo increíble para mí fue el darme cuenta que no era el único caso con el que me topaba en el contexto laboral y que eran muchísimas las que recurrían a este mecanismo de “venganza indirecta” o “venganza por asociación”.

Claro, el defenderme de la impunidad con que algunas de estas “víctimas” me trataba, me convertía a la vez en un desgraciado “machista” que justificaba a su vez las próximas agresiones en mi contra, de manera que la “víctima” elaboraba en el trabajo un mejor escenario de defensa contra una persona que representaba el género que ella combatía, y a la vez podría hacerle más “soportable” el maltrato que sufría por manos de su pareja en el hogar.

Condeno la violencia contra el débil.

¿Y quiénes son los débiles…? ¿La mujer por ser mujer…?

En el caso de Ana Cacho, jamás la he visto como una defensora de los derechos de nada ni de nadie… Sólo la he visto defender su derecho a quedarse callada, su derecho al silencio frente a la muerte de su hijo. Si es inocente o culpable del asesinato, eso está por verse. Pero, el llamado movimiento feminista debe tener mucho cuidado cuando levanta una bandera donde no existe una guerra.

¿Que si los medios de comunicación son “machistas”…? no lo discuto… Pero, el “feminismo” no puede ser una patente de corso.

El término “patente de corso” se utiliza para señalar situaciones donde se permiten ciertas licencias para actuar de forma “legal” aún cuando ese acto se considere ilegítimo, todo a cambio de un pago por dicha licencia.